Recientemente se inauguro en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el Centro Cultural Kirchner. Ubicado en lo que fuera el edificio del Antiguo Correo, es un espacio muy grande, con varios salas sin habilitar y otros que sorprenden por la tecnología y lo moderno de lo realizado. En una de las salas se presentan muestras de lo que es la escultura "Canto al trabajo", de Rogelio Yrurtia. En ese lugar se puso a prueba mi tolerancia para lograr capturar lo que quería. Empieza la historia: Paso 1:
Llegada al lugar, espacio vacío, disparar a gusto.
Paso 2:
Busco el ángulo de la toma donde se visualiza el mural con la imagen de la escultura. ¡Quiero sacarla sin personas delante!
Paso 3:
La odisea continua, las personas van, vienen, se acercan a leer los carteles informativos. Continua la espera.
Paso 4:
Triunfo al fin, segundos aprovechados rápidamente y las fotos buscadas surgen frente a mi. La espera valió la pena, por lo menos yo me siento muy contenta con mis aventuras y desventuras frente a lo buscado y al fin obtenido.
Buenos Aires es una ciudad muy grande, con muchos barrios que la componen y en cada uno de ellos varían sus costumbres, sus edificios y su ritmo de vida. Existió un Buenos Aires del siglo XIX y comienzos del siglo XX lleno de opulencia y con una clase aristocrática que viajaba a Europa y traía todo lo que era copia de construcciones palaciegas, los muebles, cuadros, luminarias y esculturas. Se encargaban obras a artistas extranjeros. Muchas eran traídas en barco , pero en otros casos, los pintores, escultores, paisajistas, orfebres, venían a realizar su trabajo acá y se enamoraban de nuestra tierra y aquí se quedaban. Se embellecieron las plazas, las calles, los parques, se compitió por lograr lo más hermoso y armonioso. De aquellos tiempos viene el edificio que hoy alberga al Museo Histórico Brigadier Cornelio Saavedra. En sus jardines se colocaron estatuas de mármol de Carrara. Y es así como llegamos a un escultor polaco, Antonio Perekrest, al cual se le encargan dos esculturas para ser colocadas en los jardines de la residencia de los Saavedra. Nacido en 1879, es uno de esos artistas que se queda con nosotros, falleciendo en Córdoba, Argentina, en 1954. La fuente barroca que realiza para este lugar, se llama "La caza del delfín" y de ella son las imágenes que figuran a continuación.
Pasaron los años y nuevos vientos soplaron sobre nuestra ciudad, se entró en la modernidad.
Allá por los años 60, época de happenings e innovaciones artísticas, surge un lugar conocido como el Di Tella, donde, artistas de vanguardia, inician un movimiento que provoca adeptos y detractores por igual. Uno de los que realiza sus exposiciones es Federico Manuel Peralta Ramos, descendiente de una familia tradicional. Sus exposiciones, sus dichos, sus anécdotas son para otra entrada. Hoy me quiero referir a una exposición que realiza en 1965, "El yo interior", que consistió en un huevo gigante que hizo armar dentro del mismo Di Tella, terminándolo sobre la hora de inicio, después el huevo se empezó a resquebrajar y él mismo termino rompiéndolo in situ, todo como un simbolismo de un dentro y un afuera y de la posibilidad de un renacer permanente.
El año pasado, un conjunto de personas, decidieron emplazar un huevo, como el de la exposición, en homenaje a lo realizado por Peralta Ramos. Es así como a partir de octubre de 2014 en la plaza Ginastera, entre plaza San Martín y el edificio Kavanagh, en el barrio de Retiro, podemos encontrar lo que publico a continuación.
Ahora bien, ¿qué tienen en común estas obras, una clásica, la otra moderna?
Mirando las imágenes siguientes es que lo descubrí.
Si miramos con atención, veremos que a los angelitos de la fuente les falta un brazo y que el huevo está escrito. Entonces me di cuenta de que lo que une el pasado y el presente es la falta de amor que, los habitantes de este suelo, tienen por aquello que les pertenece.
Tal vez sea una manera de destruir lo que no son capaces de hacer, tal vez sea para hacerse el superado o tal vez sea la ignorancia profunda en que se ha hundido el argentino.
Amo a Buenos Aires, amo mi país, amo su historia, sus paisajes, su arte, cada hueco y cada adoquin que piso, al caminar por San Telmo, me hacen recordar que por allí pasaron los grandes, los que hicieron un país con la mayor riqueza del mundo: el conocimiento. Hoy ya solo somos, un pueblo de vándalos ignorantes.
Solamente puedo llorar quedamente y expresar mi tristeza, en esta pequeña queja, que tiene algo del alma del bandoneón.
En esa noche, con tanto frío que hacía temblar el cuerpo y acelerar el paso, mientras apresuradamente trataba de encontrar algún café donde encontrar un poco de calor, así,... como de la nada,... como sucede en Buenos Aires, surgió la figura engalanada, se inclinaba lánguidamente sobre la fuente de agua e ignoraba con gallardía mi presencia, pero de pronto,... apenas un segundo,.. ¿una ilusión óptica tal vez?,... la hermosa mujer de mármol me guiño dulcemente un ojo y me señalo sigilosamente el cielo.
¡Hermosa dama que espectáculo más maravilloso me mostraste!...
Me olvide del frío y de todo, solo podía disfrutar, con todos mis sentidos subyugados, de tu hermoso regalo.
Hermosa dama gracias por hacerme participe del milagro, huyeron el frío, el cansancio, el hambre, me sentí parte en un espectáculo único,...de una naturaleza que tiene su propia manera de crear arte...
Gracias mi hermosa dama de mármol por haberme dado el guiño de un momento inolvidable, que sin tu ayuda habría pasado por alto...
En los bosques de Palermo, en Plaza Sicilia, sobre la avenida Sarmiento nos encontramos con este hermoso monumento a Caperucita Roja.
La escultura es una representación del famoso cuento infantil.
Mide dos metros de altura y fue cincelada en la Argentina por el escultor francés Jean Carlus.
Data de 1937, primeramente emplazada en la plaza Lavalle de frente a la avenida Córdoba, fue en 1972 trasladada en forma definitiva a los bosques de Palermo.
La niña esta representada, como surge de los libros infantiles, con su vestido típico, sus largos bucles asomando de forma natural debajo de la famosa capucha.
El ambiente que la rodea presta el marco adecuado a la obra, ya que da la idea de un ambiente bucólico, por el cual la niña camina inocentemente llevando en su mano la canasta conteniendo presentes para su abuelita.
Pero parece que el lobo o peor...los incultos lobos-¿humanos? siguen tratando de "comerse" a Caperucita y a todos nuestros sueños...
¿Se puede ser tan necio, tan vil, tan inepto para realizar estas acciones?...Debo agradecer al infrahumano autor del "graffitti" que por lo menos lo hizo en la parte de atrás de la estatua y no en el frente.
Mi raciocinio, mi respeto por la belleza, mi necesidad de disfrutar y mantener lo creado, se siente profundamente traicionado y llora inconsolablemente, por este vandalismo de seres tan bajos que no siendo capaces de crear, de contemplar, de aprender, de detenerse a mirar, solamente saben dejar su sello de destrucción y maldad...caigan sobre ellos todas mis maldiciones...
A metros de Tucumán y Libertad, muy cerca del Teatro Colón y Plaza Lavalle, se encuentra la Fuente de los Bailarines. En ella se alza una escultura perteneciente a Carlos de la Cárcova y la fuente decorativa al arquitecto Ezequiel Cerrato. Esta escultura es un monumento que representa a los bailarines Norma Fontenla y José Neglia.
A sus pies se encuentra la siguiente placa, lo escrito en ella no deja de emocionarme cada vez que lo leo.
¿Pero por qué estas palabras son tan emocionantes, quienes fueron Norma Fontenla-José Neglia, qué significaron en nuestro acerbo cultural?.
Norma Fontenla nació el 28 de junio de 1930 y murió el 10 de octubre de 1971. Perteneció al ballet estable del Teatro Colón, llegando a ser su primera bailarina..
Actuó en el Ballet de Río de Janeiro, Brasil, iniciando una importante gira por Europa.
En el año 1967 acompaño a Margot Fonteyn y Rudolf Nuréyev en el ballet Giselle.
En 1968 obtuvo el premio a La mejor bailarina argentina en el Festival Mundial de la Danza de París.
En 1969 inauguró la temporada oficial del Teatro Municipal de Santiago de Chile.
En 1971 Rudolf Nureyév la elige para compartir en el Teatro Colón el papel principal en "Cascanueces" de Tchaikowsky.
José Neglia, nace el 2 de abril de 1929 y muere el 10 de octubre de 1971.
Inició sus estudios de danza clásica a los 12 años de edad.
Fue aceptado en la Escuela de baile del Teatro Colón, llegando a primer bailarín del cuerpo estable. Comienza entonces una carrera nacional e internacional.
Fue distinguido con el premio Nizhinski, otorgado por la Asociación Internacional de Danza, en París.
En 1968 recibió en Francia la "Estrella de Oro", al ser considerado el mejor bailarín de VI Festival de Danza de París.
Ambos bailarines formaron una dupla que atrajo a ver ballet en todos los lugares donde hacían sus presentaciones, llevaron el baile clásico a la popularización y desmitificaron la solemnidad de este tipo de danza.
¿Pero que los hizo tan perdurables en nuestra memoria y tan guardados en nuestros corazones?
Sin duda fue, el último ballet que realizaron en su vida...El 10 de octubre de 1971, cuando viajaban en avión para una nueva presentación en la ciudad de Trelew provincia de Chubut, la nave en la cual viajaban cayo en las aguas del Río de la Plata, danzando en ese momento el final de sus vidas, junto con ellos mueren otros integrantes del cuerpo de ballet del Teatro Colón.
El ballet argentino pierde en ese momento el gran desarrollo y divulgación que había logrado. Llevaría quince años poder rearmar lo logrado por esta excelente pareja de bailarines.
El día de la terrible pérdida se instituyo como día Nacional de la danza.
La placa recuerda a los otros integrantes del ballet que fallecieron en el mismo momento.
A continuación publico un vídeo bajado de youtube, para apreciar algo del arte de esta excepcional pareja.
Fueron etéreos como el aire, volaron como las aves, su genialidad y su humildad les abrieron todas las puertas, pero la realidad los enfrento con una danza fatal, su último y sentido baile.
Su muerte, tan inesperada y tan trágica, fue una gran pérdida para el arte de Argentina y del mundo.
Siempre los recordaremos y siempre me emocionará leer esa placa, tan cerca de donde se elevaron, giraron y fueron cisnes, príncipes, personajes de historias que nos alegran el alma y nos ayudan a soñar y a vivir con la ilusión que nos da la belleza.
Norma Fontenla-José Neglia, mi humilde homenaje a su recuerdo.
Hace no muchos días, en mis habituales caminatas por Buenos Aires... miren que la camino, la camino y siempre encuentro una sorpresa, de atrás de un arbusto, escondido bajo la sombra de un edificio, cubierto por el apasionado abrazo de unos amantes...siempre encuentro para deleitarme, algo que no había conocido, algo viejo en lo que no había reparado o algo nuevo que no había descubierto todavía. Eso me sucedió hacia fines de enero. Caminando por la Costanera Sur, que gracias al éxodo turístico se encuentra muy tranquila, muy relajada y luce un rostro de mujer muy bien presentada , me tope con esta sorpresa...
El monumento Al Taxista.
La escultura, realizada por el artista Fernando Pugliese, esta realizada con un polímero que simula bronce, es muy resistente a la intemperie y luce muy bien.
Representa a un taxista calvo y de bigotes apoyado sobre el techo de un taxi del clásico modelo Siam Di Tella.
El Siam Di Tella fue el modelo de auto preferido por los taxistas porteños, en una época.
La imagen del taxista representado muestra un personaje canchero, que tiene algo de filósofo y de psicólogo, actitud que habitualmente utiliza en su relación con el pasajero.
El monumento que fue donado por el Sindicato de Peones de Taxis a la Ciudad de Buenos Aires, se encuentra ubicado en la plazoleta de la avenida de los Italianos y Macacha Güemes, en el barrio de Puerto Madero. Se eligió este lugar por ser cita de los taxistas para tomar café y además forma parte del recorrido del bus turístico que transita por nuestra ciudad.
La ciudad de Buenos Aires es recorrida por 38.600 taxis cada día, trabajando en ellos alrededor de 70.000 personas.
Los taxistas son conocidos en la jerga popular como "tacheros", nombre que a ellos no les gusta mucho y cuyo origen no es totalmente conocido. Algunos dicen que derivaría del fabricante de los primeros relojes para taxis, Maurice Tachon's, otros que la palabra tacho se utilizaba para mencionar el tamaño de los primeros relojes utilizados en los taxis.
La actividad se remontaría al siglo XIX, allá por 1860, donde existirían las primeras carretas con números de patentes, el sistema fue oficializado en 1902 y en 1967 se le aplicó el diseño actual de techo amarillo y el resto del vehículo negro.
Transitan nuestras calles (en estos momentos poseen sendas preferenciales) enloquecen nuestro tránsito, marchan lentamente cuando esperan recoger un pasajero, para partir como espantados cuando ya están ocupados, son un personaje más de Buenos Aires, ¿podríamos vivir sin ellos?... imposible imaginarlo.
Viajar en un taxi de la ciudad y tener una conversación con un taxista puede ser una experiencia de diván o una larga disertación política.
Por eso este monumento, además de estar muy bien realizado, llenarnos de nostalgia, esta muy bien merecido.
Hoy la invitación es a conocer el monumento Al Taxista.