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viernes, 8 de marzo de 2019
El arte en el cielo, el dolor en la tierra.
Cuando capturé éste atardecer de fuego, en la ciudad de La Plata, estaba feliz de poder tener la posibilidad de ver como la naturaleza me brindaba una obra de arte, de su arte tan especial, ese que te hace pensar que el día se va marchando, pero que... mañana surgirán en tu vida nuevas luces encendidas,..., el sol se va alejando, llenando el cielo de fuego y después vendrá la noche, pero después surgirá un nuevo día con resplandecientes posibilidades y, la vida será una eterna sinfonía, de atardeceres y amaneceres que se sucederán a lo largo de tus días, colmandote de felicidad; es lo yo que pensaba cuando traté de registrar este momento en que el que mi mundo era armónico y feliz.
Hoy escribo, un mes después y, la vida, esa vida que siempre te sorprende, a veces te premia, otras te castiga, a veces te llena de gozo, otras de penas,... ya no tiene esos matices resplandecientes en mis cielos, porque aquel que llorando, con los ojos abiertos buscando la luz, descubriendo un mundo nuevo, llegó hace ya 34, pronto 35 años, a mi vida, hoy tiene sus ojos llenos de llanto y, afortunadamente es así, porque estuvo muy cercano el momento en que sus párpados no se abrieran y sus brazos no me rodearan con ese calor tan propio de él.
El cielo era puro fuego, hace un mes atrás, hoy ya no tengo tiempo de verlo, solo puedo estar sosteniendo la mano de mi hijo que me dice: que le prometa que va a volver a casa...
Los cielos siguen brillando, la vida no se detiene, así fue y será siempre, pero mirar este cielo me recuerda los sueños que tuve y, que, como el atardecer se fueron,... y no sé... si volverán algún día...
miércoles, 6 de mayo de 2015
Reseña de la obra: " La oscuridad de la razón".
Sábado por la tarde caminando por Av. Corrientes la propuesta de muestras de arte en la cartelera del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini no hizo entrar al mismo.
Ya en el lugar uno empieza a disfrutar con murales de Carlos Alonso, tienda de regalos artesanales, una librería donde puede acompañarse la lectura de un buen libro con un rico café y también encontramos varias salas de teatro...allí empezó la aventura.
Vimos el anuncio de la presentación de "La oscuridad de la razón", faltaba todavía una hora para que comenzará la función y dijimos ¿por qué no?. Fue ir a la boletería, sacar las entradas y allí vamos.
Vírgenes de informes anteriores sobre la obra, no sabíamos muy bien que íbamos a ver, pero como siempre andamos en la búsqueda de nuevos descubrimientos allí estábamos.
El estilo del teatro, a la italiana, es muy cómodo y permite ver la obra con tranquilidad desde cualquier ubicación.
El escenario se mostraba despojado de demasiados elementos de escenografía, eran pocos y distribuidos al desgaire.
Se apagaron las luces, tal vez por un momento demasiado largo, cuando se encendieron, ya con los actores en escena me sentí transportada al mundo shakesperiano.
La historia cuenta la vuelta de un poeta Mariano, a su tierra para vengar la muerte de su padre y allí enfrentará a los fantasmas del pasado y del presente.
Con un guión realizado, como ya dije, a lo Shakespeare, se entremezclan el canto de la tierra, el enfrentamiento entre el nativo y el extranjero, la traición, el adulterio, el incesto y el ir y devenir de la vuelta a la tierra, de la necesidad de vengar las traiciones.
El uso de la escenografía es digno de destacar, los mínimos elementos que la componen, sirven para llevarnos al mundo de relaciones sexuales, recuerdos del pasado, la traición del cercano y la luz que se impone.
Los actores realizan una buena performance, teniendo en cuenta que no es un texto fácil de actuar. Me gustó particularmente la actuación de Ana Yovino en su papel de María, que por momentos alcanza un clímax de tragedia que conmueve, me pareció más floja la actuación de Juan Luppi en el papel de Mariano, ya que por momentos le falta la fuerza necesaria para sostenerlo. El resto de las actuaciones es parejo y muy respetable teniendo en cuenta la forma en que está escrita la obra.
El final es también confuso, no se marca bien que la obra ha terminado, podríamos decir que no ha sido bien punteado por la directora Virginia Innocenti, ya que las luces se apagan y el público tarda un rato, demasiado largo, en empezar a aplaudir.
Comienzo y final son dos cosas que deferían definirse con más precisión.
El texto de Ricardo Monti es, lo repito una vez más, Shakeaspeare en América.
Mi opinión final es que si bien por momentos la obra es confusa, utiliza recursos comunes para llegar al público, faltan marcaciones de parte de la dirección, es algo distinto, interesante de ver y en medio de la complejidad no salí disconforme.
Ya en el lugar uno empieza a disfrutar con murales de Carlos Alonso, tienda de regalos artesanales, una librería donde puede acompañarse la lectura de un buen libro con un rico café y también encontramos varias salas de teatro...allí empezó la aventura.
Vimos el anuncio de la presentación de "La oscuridad de la razón", faltaba todavía una hora para que comenzará la función y dijimos ¿por qué no?. Fue ir a la boletería, sacar las entradas y allí vamos.
Vírgenes de informes anteriores sobre la obra, no sabíamos muy bien que íbamos a ver, pero como siempre andamos en la búsqueda de nuevos descubrimientos allí estábamos.
El estilo del teatro, a la italiana, es muy cómodo y permite ver la obra con tranquilidad desde cualquier ubicación.
El escenario se mostraba despojado de demasiados elementos de escenografía, eran pocos y distribuidos al desgaire.
Se apagaron las luces, tal vez por un momento demasiado largo, cuando se encendieron, ya con los actores en escena me sentí transportada al mundo shakesperiano.
La historia cuenta la vuelta de un poeta Mariano, a su tierra para vengar la muerte de su padre y allí enfrentará a los fantasmas del pasado y del presente.
Con un guión realizado, como ya dije, a lo Shakespeare, se entremezclan el canto de la tierra, el enfrentamiento entre el nativo y el extranjero, la traición, el adulterio, el incesto y el ir y devenir de la vuelta a la tierra, de la necesidad de vengar las traiciones.
El uso de la escenografía es digno de destacar, los mínimos elementos que la componen, sirven para llevarnos al mundo de relaciones sexuales, recuerdos del pasado, la traición del cercano y la luz que se impone.
Los actores realizan una buena performance, teniendo en cuenta que no es un texto fácil de actuar. Me gustó particularmente la actuación de Ana Yovino en su papel de María, que por momentos alcanza un clímax de tragedia que conmueve, me pareció más floja la actuación de Juan Luppi en el papel de Mariano, ya que por momentos le falta la fuerza necesaria para sostenerlo. El resto de las actuaciones es parejo y muy respetable teniendo en cuenta la forma en que está escrita la obra.
El final es también confuso, no se marca bien que la obra ha terminado, podríamos decir que no ha sido bien punteado por la directora Virginia Innocenti, ya que las luces se apagan y el público tarda un rato, demasiado largo, en empezar a aplaudir.
Comienzo y final son dos cosas que deferían definirse con más precisión.
El texto de Ricardo Monti es, lo repito una vez más, Shakeaspeare en América.
Mi opinión final es que si bien por momentos la obra es confusa, utiliza recursos comunes para llegar al público, faltan marcaciones de parte de la dirección, es algo distinto, interesante de ver y en medio de la complejidad no salí disconforme.
lunes, 25 de agosto de 2014
Jose Ingenieros: médico, sociologo, el hombre que marco los años de mi adolescencia.
Cuando yo leí el "Hombre mediocre", tenía alrededor de 16 años, me hizo suya inmediatamente, desde la primera línea las fibras más pequeñas de mi ser temblaron ante la lucidez de quien había escrito este libro lleno de enseñanzas, lleno de verdades. Años después, estudiando medicina, supe de sus luchas, de que esta fue tu tesis y llego a presentarla gracias a la ayuda de un portero de la Facultad.
Dejo a continuación algunas frases de su libro, un pequeño ejemplo de su gran personalidad.
Solo el valor moral puede sostener a los que impenden la vida por su arte o por su doctrina, ascendiendo al heroísmo.
Las fuerzas morales no son virtudes de catálogos, sino moralidad viva.
Dichosos los pueblos de la América latina si los jóvenes de la nueva generación descubren en si mismos las fuerzas morales necesarias para la magna obra: desenvolver la justicia social en la nacionalidad continental.
La serena confianza en un ideal convierte su palabra en sentencia y su deseo en imperio.
Sus ojos pueden mirar hacia el amanecer, sin remordimiento.
Basta una sola, pensadora y actuante, para dar a su pueblo personalidad en el mundo.
Si mira alto y lejos, es fuerza creadora, aunque no alcance a cosechar los frutos de su siembra, tiene segura recompensa en la sanción de la posteridad.
Los hombres que no han tenido juventud piensan en el pasado y viven en el presente, persiguiendo las satisfacciones inmediatas que son el premio de la domesticidad.
Débiles por pereza o miedosos por ignorancia, medran con paciencia pero sin alegría.
De seres sin ideales ninguna grandeza esperan los pueblos.
El joven que piensa y trabaja es optimista; acera su corazón a la vez que eleva su entendimiento.
Quien pone bien la proa no necesita saber hasta donde va, sino hacia donde.
Es misión de la juventud tomar a los ciegos de la mano y guiarlos hacia el porvenir.
Los jóvenes pierden su tiempo cuando esperan impulso de los viejos.
Sin entusiasmo no se sirven hermosos ideales; sin osadía no se acometen honrosas empresas.
Un entusiasta, expuesto a equivocarse , es preferible a un indeciso que no se equivoca nunca. El primero puede acertar; el segundo, jamas.
El entusiasmo es salud moral; embellece el cuerpo mas que todo otro ejercicio; prepara una madurez optimista y feliz.
El joven entusiasta olvida las tentaciones egoístas que empiezan en la prudencia y acaban en la cobardía.
La juventud termina cuando se apaga el entusiasmo es don de pocos y parece milagro en quien lo atesora hasta la ancianidad.
El hombre que se ha marchitado en una juventud apática llega pronto a una vejez pesimista, por no haber vivido a tiempo.
La belleza de vivir hay que descubrirla pronto, o no se descubre nunca.
Solo el que ha poblado de ideales su juventud y ha sabido servirlos con fe puede esperar una madurez serena y sonriente, bondadosa con los que no pueden, tolerante con los que no saben.
El entusiasmo acompaña a las creencias optimistas; la superstición, a las pesimistas.
Un hombre incapaz de acción es una sombra que se escurre en el anónimo de su pueblo.
No basta en la vida pensar un ideal: hay que aplicar todo el esfuerzo a su realización.
La energía no es fuerza bruta; es pensamiento convertido en fuerza inteligente.
Deben ir juntos el pensamiento y la acción, como brújula que guía y hélice que empuja, para ser eficaces.
La acción carece de eficacia cuando escasea la energía.
Los jóvenes deben ser actores en la escena del mundo, midiendo sus fuerzas para realizar en acciones posibles y evitando la perplejidad que nace de meditar sobre finalidades absurdas.
La incapacidad de prever y de sonar obstruye la expancion de la personalidad.
Los jóvenes que no saben mirar hacia el porvenir y trabajar para el, son miserables lacayos del pasado y viven asfixiándose entre sus escombros.
Los hombres sin voluntad se proponen a volar y acaban arrastrándose, persiguen la excelencia y se enlodan en ciénagas.
Nunca dicen hago, que es la formula del hombre sano; prefieren decir haré, que es el lema de la voluntad enferma.
Los holgazanes no emprenden nada y pretenden justificarse desacreditando las empresas ajenas; si algo comienzan, obligados por las circunstancias, nunca llegan al termino de su obra. Vacilan y dudan, tropiezan y caen.
La pereza y la inacción son los germanes de la miseria moral.
La inercia apoca la vida de los holgazanes, tornándolos incapaces de hacer cosa alguna para si mismos y para los demás.
Toda creación es fruto de la libre iniciativa y llega a su termino sostenida por el sentimiento de independencia.
La juventud se mide por el inquieto afán de renovarse, por el deseo de emprender obras dignas, por la incesante floración de ensueños capaces de embellecer la vida.
Joven es quien siente dentro de si la fuerza de su propio destino.
El que no osa leer un nuevo libro, encenderse por un nuevo anhelo, acometer una nueva empresa, ha renunciado a vivir.
Digamos al joven: haz lo que quieras, para enseñarle a responsabilizarse de sus actos.
Un joven libre puede convertirse en una fuerza viva, emprender cosas grandes o pequeñas, pero suyas.
El derecho a la vida esta condicionado por el deber del trabajo. Todo lo que es orgullo de la humanidad es fruto del trabajo.
La mas justa formula de la moral social ordena imperativamente: el que no trabaja no come. Quien nada aporta a la colmena no tiene derecho de probar la miel.
El tiempo no nos espera, y ya es hora de vivir los mínimos instantes de alegría en los que habita la gran felicidad que buscamos.
Espero que les hayan gustado y amen a este hombre tanto como yo lo amo.
sábado, 28 de junio de 2014
El paraíso de los lectores: La librería de Avila.
En la Manzana de las Luces, lugar histórico y muy visitado por el turismo, en la esquina formada por las calles Adolfo Alsina y Bolívar, se encuentra la Librería de Avila, no es esta una librería más, está llena de historia y de hermosos rincones para caminar y disfrutar pausadamente.
En esta esquina, ubicada frente a la Iglesia de San Ignacio, próxima al actual Colegio Nacional de Buenos Aires (ex Real Colegio de San Carlos), funcionaba en 1785 un establecimiento llamado La Botica, donde se vendían comestibles, licores, ropas y libros, convirtiéndose de este modo en la librería más antigua de la ciudad.
En 1830 ya existe la Librería del Colegio, visitada por personajes como: José Hernández, Rafael Obligado, Sarmiento, Alberdi, Groussac, Marcos Sastre, Bartolomé Mitre, Santiago de Estrada, Aristóbulo del Valle, Manuel Argerich, Martín Coronado, Avellaneda, el Perito Moreno.
En esta esquina, ubicada frente a la Iglesia de San Ignacio, próxima al actual Colegio Nacional de Buenos Aires (ex Real Colegio de San Carlos), funcionaba en 1785 un establecimiento llamado La Botica, donde se vendían comestibles, licores, ropas y libros, convirtiéndose de este modo en la librería más antigua de la ciudad.
En 1830 ya existe la Librería del Colegio, visitada por personajes como: José Hernández, Rafael Obligado, Sarmiento, Alberdi, Groussac, Marcos Sastre, Bartolomé Mitre, Santiago de Estrada, Aristóbulo del Valle, Manuel Argerich, Martín Coronado, Avellaneda, el Perito Moreno.
En 1926 se construye el edificio actual, con estilo Art Deco, en dos plantas, sobre la puerta que asoma a la ochava, se coloca realizado con azulejos el nombre de Librería del Colegio.
Con los años van produciéndose distintos cambios en el manejo de la librería, la cual es cerrada en 1989, por problemas financieros, como suele suceder.
En 1993 es comprada por Miguel Angel Avila, quien tras ponerla nuevamente en condiciones, la inaugura en 1994 con el nombre de La Librería de Avila.
En el año 2000 es declarada de interés cultural y patrimonio histórico de la ciudad por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En la actualidad es un lugar muy agradable donde uno se encuentra rodeado de libros, buena música y donde se llevan a cabo diversos eventos culturales como disertaciones, presentaciones de libros, encuentros musicales, actividades teatrales, cursos, exposiciones y, por supuesto, se puede acceder a libros antiguos y agotados sobre variados temas, al igual que los libros modernos y de actualidad.
Demos ahora un paseo por estos lugares donde susurra la historia y nuestros amigos los libros nos dan la bienvenida.
En las siguientes fotos se aprecian sectores del piso superior.
A través de un entrepiso se puede visualizar la planta baja y llegar al corazón de este edificio, el sueño de todo amante de los libros y de la lectura.
En sus paredes nos encontramos con sorpresas...
Recuerdos de personajes famosos que visitaron la librería.
Fotos que nos recuerdan como se construyo el Obelisco.
Al igual que un dibujo que nos recuerda la Sagrada Familia de Barcelona.
Todo tiene lugar en esta librería, que junto con la de Shakespeare & Co. de París y la City Lights de San Francisco esta considerada como de visita obligada por lo imperdible que guardan sus paredes.
Como despedida, una de las vidrieras, donde como no podía ser de otra manera, encontramos a Cortazar con su Rayuela, a Borges y hasta a el inolvidable Clemente.
Una esquina de Buenos Aires llena de historia, de vida y de ¡libros!!!...
miércoles, 8 de enero de 2014
Un cuento del libro Cuentos del desván: Aquella Mujer.
AQUELLA MUJER.
Otra vez vi junto a su tumba a esa mujer, llorando en silencio, con esa serenidad en la mirada mezclada con dolor. Esperé a que se fuese para poder ir a visitar a mi padre. Su tumba estaba siempre prolija, con esas flores que ella le dejaba. Como siempre, sentí tanta ira por dentro que las tomé y las arrojé al tacho de basura más cercano para dejarle sólo las mías. No tenía derecho a invadir mi familia aún después de muerto él, ya bastante le había amargado los días a mi madre.
Volví a casa. Por ser una adolescente tenía muy marcados los horarios y más por ser huérfana de padre. Él era el tipo más genial del mundo, me quería muchísimo y yo a él. Siempre fui muy apegada, era la novia de papá. Nunca sentí que hubiese una extraña en medio de la familia, que quisiese a alguien fuera de su esposa y de su hija hasta el día en que desapareció, después de un ataque cardíaco.
En mi mente tengo muy presente cada detalle de ese día. Cuando llegamos al hospital y ya no había nada que hacer, ella se retiraba con lágrimas sin mirar a nadie. Mi madre la observó con un odio contenido, una imagen que duró pocos segundos, hasta que me vio y cambió la expresión para ir a recibir la noticia. En el velatorio, volvió a aparecer, con ese llanto calmo que conocí por primera vez. No sabía quién era, qué estaba haciendo allí. Sólo vi que mis abuelos paternos la abrazaron y le dijeron algo en el oído. Se acercó al cajón y dejó entre las manos de mi padre una flor, una simple nomeolvides chiquita y se retiró. Antes de cerrarlo, mi madre la tomó y la tiró. Delante de todos le gritó a los abuelos: "¡No, hoy, no, ya basta" y rompió en un llanto incontrolable como si fueran las lágrimas de toda una vida.
Y fueron las lágrimas de toda una vida, ya que a partir de allí mi madre fue muriendo poco a poco. Comenzó a beber y a tratarme mal, a decirme esa historia que la amargaba y a mirarme, a veces, como a una extraña. Pero era su hija y tenía que vivir con ella. Cada vez que se ponía difícil me escapaba a la casa de mis abuelos para tener un poco del calor de papá cerca y poder sentirme amada de nuevo.
En una ocasión, cuando llegué a casa me encontré con la policía en la puerta que no me dejaba entrar. Forcejeé con uno de ellos, pero al final salió mi abuelo y me abrazó; mamá se había suicidado. Es muy difícil entender que de pronto, a los dieciséis años, yo no se tiene padre ni madre, que mi madre había decidido abandonarme de un balazo.
Ahora, estoy viviendo con mis abuelos. No estoy de lo mejor. Es todo muy reciente. Pero mi abuela, una vez, se sentó junto a mí y comenzó a contarme una historia, una historia de amor de un hombre y una mujer que se conocían de toda la vida y que el embarazo de la ex de él hizo que se quebrara con las consecuencias típicas de un casamiento forzado por la obligación de ser padre.
Me enteré de que mi padre me amó toda la vida y que esa mujer siempre me dio prioridad más allá de su propia felicidad, también me quería porque era parte de él, aunque no hubiese salido de su vientre. Mi madre nunca pudo competir con ese amor tan franco, tan generoso, a pesar de lograr robar un esposo por medio de un embarazo.
Con la historia en mi mente, volví a la tumba de mi padre y vi junto a ella a esa mujer. Lloraba en silencio, con ese llanto sereno y lleno de dolor. Me acerqué pero, cuando se dio cuenta de mi presencia, quiso huir. Le tomé la mano y le dije: "Gracias" en un susurro. Nos abrazamos y lloramos juntas.
El presente cuento pertenece al libro "Cuentos del desván", su autora Gladys Haydée Delgado tuvo la deferencia de regalármelo, a mí y a mi marido, al comienzo del año 2014, hermosa manera de empezar el nuevo año.
Creativo lo que esta alma inquieta y sensible es capaz de transmitir , en medio de su lucha diaria con los números y elementos nada poéticos, transcribo a continuación las palabras con las cuales nos presenta su libro:
"Siento cosas, pero no lo puedo
transcribir a papel. Es como que la profundidad se diluye en la palabra muerta y queda un secreto silencioso"
Gracias Gladys por tu hermoso regalo...
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Con un libro en mis manos, leyendo y reflexionando.
Hoy leyendo en una colección de premios Pulitzer de novela, encontré en el libro Andersonville de Mackilay Kantor, premio 1956, el siguiente párrafo:
"Otra vez el rudo golpe y las piñas saltando como granadas, mientras a lo lejos una bandada de aves emprendía el vuelo, alejándose del bosque sin saber que jamás penetrarían en él; que nunca volverían a anidar, ni a picotear, ni a alimentarse ni a correr, porque los árboles estaban derrumbándose y se arrancaban los tocones y las largas raíces adoptaban el color de la arcilla".
El libro esta ambientado durante la guerra de secesión de Estados Unidos, el párrafo arriba publicado se refiere al talado de árboles para realizar una cárcel, en el sur, destinada a albergar prisioneros norteños.
Lo transcrito me gusto por como esta escrito, pero además creo que nos da una gran reflexión sobre el daño que el hombre produce y como no nos percatamos de lo que estamos haciendo en este momento tal vez mañana no exista. Me pareció un gran tema de meditación.
Lo acompaño con un vídeo que para mí es el más terrible mensaje sobre la atrocidad de la guerra y tiene relación con lo publicado.
Soledad, destrucción, víctimas inocentes, caminos perdidos.
Ideas que se me ocurren leyendo y viviendo, tratando de aprender y que cada día me acerque más al conocimiento de la complejidad del ser humano.
miércoles, 19 de junio de 2013
Mañana digo basta. Silvina Bullrich. Una escritora injustamente postergada.
Silvina Bullrich
Hoy quiero hacer referencia a una de mis escritoras favoritas: Silvina Bullrich, uno de sus libros es "Mañana digo basta": la acción transcurre en una playa uruguaya sumamente solitaria llamada La Paloma. La protagonista es una mujer que cumple 49 años y quiere aprender a vivir en soledad. Es viuda, tiene tres hijas con lo cual se plantean los lógicos problemas generacionales. Como suele ocurrir durante las vacaciones aparecen una serie de personajes inverosímiles. Todo esta contado con sorna, aunque plantea problemas graves.Transcribo una pequeña parte del libro para que puedan hacerse una idea de como es el desarrollo del mismo:
"Santiago adoraba el mar, nadaba muy bien y hacíamos el amor en el agua. Era terriblemente excitante y complicado. Nadábamos muy bien los dos y nos alejábamos entre las aguas inmóviles del Yacht Club de Mar del Plata; legabamos hasta algún bote oculto detrás de un dingue o de un solent y él me besaba apasionadamente en la boca. Las bocas jóvenes, los besos jóvenes, el aliento fresco, la saliva salada por el agua de mar y sus dedos sobre mi piel firme, sobre mi cuerpo desafiante y seguro,y la gracia de cualquier movimiento, aun
del más torpe, de las zambullidas involuntarias, de mi pelo empapado echado hacia atrás, de nuestras dos cabezas rubias y sedosas a pesar de la sal. Ah, juventud, no echo de menos ni tus torturas ni tus urgencias, solo lamento que al alejarte bajas dejando detrás de ti esta borrosa caricatura de mí misma."
Biografía:
Nació en Buenos Aires el 4 de octubre de 1915, falleció en 1989.
Era hija de Rafael Bullrich, fundador de la cardiología argentina y decano de la Facultad de Medicina de la UBA.
Tuvo una infancia tranquila en un ambiente acomodado y con alto nivel cultural. Recibió una educación afrancesada, con continuos viajes a Europa. Comenzó a escribir en la adolescencia.
Se caso muy joven, tuvo un hijo y se separo al tiempo; su padre, madre y hermanas fallecieron poco después, con lo cual se encontró sola a cargo de un hijo, por lo cual hizo de la escritura su modo de vida.
Sus libros fueron verdaderos best seller de la época, cosa no perdonada por ciertos círculos culturales.
Se caso en París con Marcelo Dupont, quien falleció poco tiempo después debido a un cáncer terminal.
A pesar de pertenecer a una familia de élite, tuvo que luchar para mantenerse y enfrentar duras críticas a su escritura.
Muchas de sus obras tienen mucho de autobiográfico.
Murió en Punta del Este, Uruguay.
Entre sus principales obras podemos mencionar: Bodas de cristal (1951), Teléfono ocupado (1956), Mañana digo basta (1963), Los burgueses (1964), Los salvadores de la patria (1965), La creciente (1967), Será justicia (1976). He leído toda su producción, que es aún más extensa, y realmente es extraordinaria, siempre deja un mensaje de vida y tiene una narrativa muy fácil de seguir y disfrutar.
Obtuvo los premios: Premio Municipal (1961), Segundo Premio Nacional a la prosa imaginativa del trienio 1969-1971 (1972)
Creo que existe una gran deuda con Silvina en el reconocimiento de su importante obra.
miércoles, 16 de enero de 2013
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