sábado, 30 de marzo de 2013

Mis fotos: El niño y el sundae.

     Estaba a escasos metros, la cara de alegría de este niño mientras comía su helado, me recordó mi infancia y la de mi hijo y todas las infancias. Esa época tan sencilla, tan simple y tan querida, que voraz e impiadosamente se lleva el tiempo.
     Infancia, etapa llena de dudas y preguntas no siempre respondidas, de carreras en el viento compitiendo con nadie y con todos, de un mundo de posibilidades por delante, de continentes por descubrir, de caminos por recorrer, posibilidades infinitas, nada esta prohibido, todo es posible, nuestros sueños tienen tiempo y el reloj marcha lento a la espera de nuestra decisiones.
      Más adelante, podremos ser cantantes o farmacéuticos, vigilantes o rateros, estudiantes o profesores, escalar el Himalaya o bucear en aguas transparentes, leer todos los libros, caminar todos los caminos, construir casas, afinar pianos, ser concertistas de violín, bailar bajos las estrellas y amar y  ser amados, infinitas son las posibilidades...pero en este momento, aquí y ahora, solo existe:  el niño y su  helado.

lunes, 25 de marzo de 2013

Otoño

Las callecitas de Buenos Aires van tomando el color del otoño, se ve en los árboles, en las hojas caídas en el piso que el viento barre con su soplido pesado y húmedo.
Los días se acortan, nos dan menos horas de luz, el frío indeciso empieza a hacerse sentir, las lluvias son de pronto enloquecidas, cae el granizo, sale el sol. El otoño en Buenos Aires imita a la ciudad en sus idas y venidas, en su permanente cambio a lo largo del día, en cuestión de momentos, en no tener una realidad definida.
Los colores de otoño compensan todo, pocas estaciones nos ofrecen esas paletas de colores que la naturaleza utiliza como nadie, para llenar nuestras calles de hojas encendidas destinadas a ser expulsadas para siempre.
Caminar por Buenos Aires en otoño es ponerse un suéter en esta cuadra y tener que sacarlo al dar vuelta la esquina, esta ceremonia se repite una y otra vez durante nuestros paseos.
El otoño nos vuelve ricos en bellezas de colores, nos enloquece con sus cambios permanentes.
El otoño en Buenos Aires es solo posible en Buenos Aires, tiene ese humor nuestro, esa melancolía del tango, de nuestras charlas de café, de nuestro tránsito enloquecido. Se detiene como nosotros en largos diálogos para arreglar el mundo y de pronto se convierte en un huracán acelerado que corre por las calles, atrapa las polleras de las mujeres y llena de polvo los ojos de los paseantes.
El otoño en Buenos Aires es inexplicable, pero existe y es gracioso, enervante y fluctuante, el otoño en Buenos Aires es una ensoñación, es una experiencia, es un estado de ánimo que solo se encuentra en Buenos Aires.

Mis escritos: Pánico en la noche.

Marchaba por uno de esos sueños serenos y placenteros. Mi  pecho subía y bajaba con el ritmo de una respiración acompasada con mi satisfecha tranquilidad realizada.
 De pronto, no se qué fue, un sonido, una pequeña fuga de luz que entro por los resquicios de la ventana, me desperté sin preámbulos, sin esa sensación adormilada que precede a la vigilia decidida; no, mis ojos estaban totalmente abiertos y yo en plena lucidez.
 Mire los números del reloj digital, las cinco de la mañana, tenía que volver a dormir, a las siete había que estar de pie, ¡TENIA QUE DORMIR!.
 Sobre mi pecho se instalo el peso de la angustia, esa angustia que había podido evadir por días, empece a recordar una larga lista de cosas por hacer, llevar el auto al mecánico, pagar la tarjeta suspendida por falta de fondos, lograr que mi blog tuviera más seguidores, comprar la pintura, lustrar los zapatos, tenía una pila de trámites por hacer, mi cabeza se lleno de un runruneo de reproches por cosas del pasado, de reproches de cosas por hacer; a mí lado otra respiración seguía su sueño acompasado.
 Busque el control remoto, prendí el televisor, a mi lado se escucho un leve gruñido, al cual ignore, me puse a ver Criminal Minds para perfeccionar mi aprendizaje de como estudiar la mente criminal, los párpados empezaron a caerse, me fui adormilando, apague el televisor, de nuevo a dormir.
Otra vez el peso terrible de la angustia, de nuevo los ojos abiertos, los pensamientos desbocados.
¿Por qué tanta angustia?. Tanto miedo, tanta preocupación... Pensé en los techos sin pintar, el portón del garaje que había que cambiar, en el televisor que no tendría que haber comprado, la mujer que engañe, los padres que abandone, los amigos que deje,  todos esos temas que la noche nos trae cuando el insomnio nos atrapa.
 Un peso terrible, espantoso, flotante sin poder encontrar los motivos, las razones, el miedo flotante, el pánico sin razón.
 Insomnio, números que cambian vertiginosamente en el reloj.
 Tengo que dormir, tengo que dormir, tengo que dormir...¡NO PUEDO!
El peso de la angustia desgarra el alma, esa errática sensación inmotivada. Todos los reproches, todos juntos, todos al pie de mi cama.
 Tenía que parar, tenía que dormir, ¡TENIA QUE DORMIR!
El peso de mil siglos sobre mi pecho, la nostalgia enloquecida, los reproches sin sentido. El pánico en la noche del insomnio.
De pronto ya cerca de las siete de la mañana enfrente a mi pánico en la noche: tenía nombre y apellido: esta mañana, esta mañana, VOLVIA A TRABAJAR...

domingo, 24 de marzo de 2013

Mis fotos: Indiferencia.

Este personaje nunca falta en todos lados. Sale a fumar afuera porque adentro esta prohibido. Ve que estoy tratando de tomar una foto del teatro que esta detrás pero permanece delante saboreando su cigarrillo, entonces lo uso a él como modelo.

Mis fotos: Pareja

Continuo con mi serie de fotos de parejas. En esta, me llamo la atenció  la actitud, la postura de ella,  relajada, segura de si misma, controlando la situación, con un aplomo y manejo del momento que me resulto interesante.

Teatro: Noches Romanas, obra de Franco D'Alessandro

Recientemente vi esta interesante obra que nos habla de la amistad entre el escritor Tennessee Williams y Anna Magnani. La historia transcurre en Roma, Anna ama las salidas nocturnas junto a su amigo, de allí el nombre de la obra.
Se relata la relación que tenían ambos personajes, que compartían el arte y la pasión por el arte, e inclusive realizaron un par de películas juntos. Pero a través de la acción se refleja el drama de ella frente a su hijo, Luca, enfermo de poliomielitis, su amor por el director de cine Roberto Rosellini, quien la abandona para casasrse con Ingrid Bergman; el drama de él con una hermana lobotomizada y sus problemas de homosexualidad (terrible tema en aquellos años), sus infidelidades constantes y su adicción a la bebida.
La obra transcurre a través de los años y nos va mostrando sus sufrimientos, sus éxitos y sus tristezas, pero por sobre todo cuanta humanidad sufriente había detrás de estas brillantes estrellas del mundo artístico.
Me hizo pensar en cuanto olvidamos a veces a quienes nos acompañaron hace años y por eso a continuación subo una pequeña reseña de la vida de ambos.

Biografía de Anna Magnani
(Roma, 1908 - Roma, 1973)
Tras formarse artísticamente con Silvio D'Amico en la Academia, Anna Magnani debuta en el cine con un papel secundario en "La ciega de Sorrento (La cieca di Sorrento)" (1934) de Nunzio Malasomma. Mientras se hace famosa en el teatro de revista, logra lucirse en el papel de cabaretera de "Nacida en viernes (Teresa venerdì)" (1941) de De Sica, película con la cual inicia una sorprendente carrera que la llevará a ser la gran actriz del cine italiano de posguerra.
No puede ser la protagonista del viscontiano "Obsesión (Ossessione)" por estar embarazada, pero sí que participa en la película "Roma ciudad abiertaRoma città aperta" (1945) de Roberto Rossellini en la cual interpreta al personaje de Pina, orgullosa y sanguínea mujer del pueblo, con una fuerza y pasión inolvidables.
Su grito final inspiró a Pasolini unos versos espléndidos: "Casi emblema, el grito de la Magnani en nosotros/bajo los mechones desordenadamente absolutos,/renueva en las desesperadas panorámicas,/y en las ojeadas vivas y mudas/se concentra el sentido de la tragedia. Es allí que se disuelve y mutila/el presente, y ensordece el canto de los aedos". Por ese grito, nuestra protagonista se convertirá en mártir de la historia y testimonio admirable de un pueblo que no se deja dominar y resiste hasta sacrificarse.
Para ofrecer de nuevo una interpretación de ese nivel, la Magnani tendrá que esperar a que transcurran algunos años. La oportunidad se la ofrece el amigoLuchino Visconti con "Bellísima (Bellissima)"
 (1951), en la cual interpreta a una madre que, deslumbrada por los mitos fáciles, lucha para que su hija se convierta en una artista célebre. Sin embargo, con el tiempo se da cuenta de que está equivocada y, por suerte, renuncia a ello: un gesto valiente que ya nadie hará durante los años del boom, cuando incluso los más humildes cambiarán radicalmente, seducidos por el dinero fácil y la televisión.
Durante los años siguientes, se afirma como actriz de éxito. Gana un merecido Oscar con "La rosa tatuata" (1955), rueda películas dramáticas, como el "Infierno en la ciudad (Nella città l'inferno)" (1959) de Castellani, en la cual interpreta a una detenida, o divertidas, como "Llegan los bribones (Risate di gioia)" (1960), en la cual Monicelli recrea el antiguo dueto con Totò.
Su fuerte personalidad destaca de nuevo en "Mamma Roma" (1962) de Pasolini, emotivo homenaje a los valores del subproletariado ante su inminente desaparición, en la cual ella es una prostituta, no tan joven, que desea redimirse por amor de su hijo: terminará llorando desesperadamente sobre su cadáver, maldiciendo un mundo que ya no entiende.
La gran actriz se despide de forma conmovedora y bellísima en los pocos segundos en los cuales aparece en "Roma" (1972) de Fellini: la máquina la sigue hasta el portal de su casa, el director desea interrogarla, pero ella no confía en él. La puerta se cierra dejando atrás una época y sus representantes: hemos renegado ese pasado que ya no deseamos porque sentimos que no nos pertenece. Como ese rostro intenso y maravilloso, "icono que hemos blasfemado".



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TENNESSEE WILLIAMS (1911-1983)
Tennesse Williams (de nombre auténtico Thomas Lanier Williams) nació en Columbus, población del estado de Mississippi (Estados Unidos), el 26 de marzo de 1911, pero pasó su infancia en la localidad de Saint Louis, Missouri, ciudad a la que acudió cuando tenía siete años. Williams era hijo de Edwina Dakin Williams, hija de un sacerdote, y Cornelius Coffin Williams, comerciante de una fábrica de zapatos.
Se licenció en 1938 en Filosofía y Letras por la Universidad de Iowa, tras pasar primero por la Universidad de Missouri, en donde se había matriculado en la carrera de periodismo. Tras desempeñar diversos oficios Williams alcanzó su primer triunfo en Broadway con la obra “El zoo de cristal” (1945), título que ganó el premio de la crítica teatral de Nueva York. Anteriormente había intentado estrenar sin éxito “Batalla de ángeles” (1940).


Tras “El zoo de cristal” Tennessee Williams, influido por escritores como D. H. Lawrence o Anton Chejov, se revelaría como uno de los grandes dramturgos estadounidenses de posguerra, con obras teatrales ambientadas en escenarios sureños y protagonizadas por personajes decadentes en conflicto psicológico, marcados por la frustración vital y la extrema pasión física y emocional exhibida en sus relaciones.
Entre sus mejores obras destacan “Un tranvía llamado deseo” (1947), “Verano y humo” (1948), “La rosa tatuada” (1951), “De repente, el último verano” (1950), “La gata sobre el tejado de zinc caliente” (1955) o “Dulce pájaro de juventud” (1959).
Por “Un tranvía llamado deseo” y “La gata sobre el tejado de zinc caliente” Tennessee Williams lograría ganar sendos premios Pulitzer.
En 1947 Williams, cuya homosexualidad fue destapada en su libro “Memorias” (1975), conoció y se enamoró de Frank Merlo. Merlo moriría de cáncer en 1961, sumiendo al escritor en una profunda depresión de la que jamás se recuperaría mentalmente, declive físico y mental agrandado por su adicción a las drogas y el alcohol y su tendencia a sufrir ataques de pánico.
A partir de los años 60 sus trabajos escénicos le reportaron menos éxito que sus títulos precedentes. Algunas de sus obras a partir de está década fueron “La noche de la iguana” (1962), “El tren lechero ya no para aquí” (1964) o “En el bar de un hotel de Tokio” (1972).
Además de obras teatrales Tennessee Williams escribió libros de relatos, como “Un brazo y otros relatos” (1948) o “Caramelo fundido” (1954), novelas, como “La primavera romana de la señora Stone” (1950) o “Moisés y el mundo de la razón” (1975), guiones cinematográficos, como “Baby Doll” (1956), o poesía, como “En el invierno de las ciudades” (1956).
Tennessee Williams falleció en Nueva York el 25 de febrero del año 1983, cuando residía en el Hotel Elysee. Tenía 71 años y había aparecido muerto con la tapa de un frasco de seconal en la boca.



sábado, 23 de marzo de 2013

Mis fotos: El vendedor de paltas.

    Iba caminando por Corrientes y lo vi pasar a mi lado. No pude resistirme a apretar el disparador de la cámara. No es frecuente ver este tipo de personaje caminando por esta Avda., pero lo que más me atrajo fue su cara de resignación y de casi desesperación. Me imagine un par de hijos en casa esperando que papá volviera a casa trayendo algo para comer, una esposa embarazada acunando su hambre junto a su prominente abdomen, imagine tantas cosas. Me conmovió ese rostro juvenil, tan marcado con el sufrimiento y la lucha diaria. Tal vez solo sea mi imaginación, tal vez sea verdad, la foto esta, el rostro también, lo demás queda en el tal vez...

miércoles, 20 de marzo de 2013

Mis fotos: El río


Soledad

Esta foto la tome durante los festejos del Bicentenario, en mayo de 2010. Me atrajo la soledad y el mundo propio e inaccesible de esta anciana, que sentada en el borde de la vereda permanecía indiferente al ajetreo festivo que tenían quienes la rodeaban.

El hijo perdido

     La roja puerta del auto, con sus vidrios polarizados, se cerro y, dentro se produjo una revolución de risas,  abrazos y besos. Efusión de juventud.
     Partieron a la velocidad prudente de siempre. Se alejaron por las calles brillantes por las gotas de la lluvia. El tránsito en la autopista seguramente iba a estar pesado.
     Habíamos festejado tu despedida de los veinte años, la entrada a la treintena, ¡qué cosa esa del cambio de los ceros!, que extraños sentimientos provocan.
     Entramos abrazados, contentos por los momentos compartidos, con un dejo de melancolía en nuestra alma; había algo que sobrevolaba sobre nosotros y no alcanzábamos a discernir que era, una sensación de presentimiento, un algo indefinible.
     Comencé a acomodar las cosas, lavar los platos y acomodar la vajilla, tu padre se fue a chequear algunos mails, algo sobrevolaba sobre nosotros, se interponía en nuestra alegría y traía como un halo de tristeza a nuestras tareas habituales.

     El mensaje llego cuarenta y cinco minutos después, el corazón lo había presentido, la razón ahora lo comprendía, en este momento, nuestro hijo se había ido y nunca volvería...

     El nene alegre, ruidoso, juguetón,  cariñoso, siempre en movimiento, siempre con una sonrisa en el rostro y los brazos rodeando nuestro cuello y diciendo te quiero, se había ido y nunca volvería...
     El adolescente tierno, peleador, artista, creativo y cariñoso, con sus brazos rodeando nuestro cuello y diciendo te quiero, se había ido y nunca volvería...
     Las fiestas del colegio, los cumpleaños compartidos, el inventar disfraces y correr juntos por la calles, descubrir cada día algo nuevo, algo diferente a través de tus ojos de cielo se habían ido y nunca volverían...
     Tus mimos, tu despertarnos a la medianoche de nuestros aniversarios, arrojándote sobre nosotros, mientras dormíamos, para entregarnos los regalos, se habían ido y nunca volverían...
      Esos pequeños obsequios, esos dibujos dedicados "te quiero" , armar el arbolito de Navidad, tu carita de alegría tras cada paquete descubierto, se habían ido y nunca volverían.
      Despedirte y esperarte a la entrada y a la salida del colegio, cada día, se habían ido y nunca volverían...
      Los primeros trajes comprados, con ansiedad, para los cumpleaños de quince, elegir la corbata adecuada, la camisa, los zapatos, se habían ido y nunca volverían...
      Que sacaras el primer registro de conducir y nos trajeras a casa manejando vos, se había ido y nunca volvería.

      El mensaje decía: " llegamos bien. Gracias por haberme acompañado en mis treinta años. Llamo en cuanto pueda, voy a estar muy atareado los próximos días, tengo mucho trabajo por delante, y María necesita descansar porque el embarazo le da mucho cansancio. Besos."
      Entonces tuvimos la certeza: nuestro pequeño hijo, el pequeño revoltoso, se había ido para siempre, ahora era un hombre...